-Tiene usted mala cara- dictaminó.
-Indigestión- repliqué.
-¿De qué?
-De realidad.
Me cegué como nadie, no quise ver, siempre me pasa igual. Debo ser masoquista, puedo tropezarme mil veces con la misma piedra y pensar que no es la piedra lo que me hace tropezar sino mi torpeza al andar. Puedo negar lo evidente y ser positiva, abrir los ojos y ponerme negativa o simplemente ser realista y afirmar: estoy jodida.
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